La Coctelera

Homes de pedra en barcos de pau

Muros e mailo Mar /// Fomos ficando sós o Mar o barco e mais nós

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¡Anímale a hacerlo!

Categoría: .Homenaxe os desaparecidos do Castillo de Montjuich

O noso Patrón Maior da Confraría de Pescadores de Muros, D. Manuel Daniel Formoso Moledo, tivo a amabilidade e a sensibilidade de estar con nós e coas familias das vítimas do mercante Castillo Montjuich o día da homenaxe.
Dedicounos a todos estas sinxelas e sentidas verbas en nome de tódolos homes e mulleres de mar de esta vila.
Eu como mariñeiro que son, síntome agradecido e no Nome do comité organizador quero dar as grazas o noso Patrón Maior e a nosa Confraría pola súa receptividade para con a nosa iniciativa.

(DISCURSO DO PATRÓN MAIOR NA HOMENAXE AOS DESAPARECIDOS DO "CASTILLO DE MONTJUICH" )

(MUROS- 22/08/09)

 

Sr. Alcalde,

Sres. Miembros de la Comisión Organizadora, Autoridades Eclesiásticas,

Familiares,

Señoras y Señores:

 

Representa un gran honor para mí como Patrón Mayor de la Cofradía de Pescadores de Muros, representar a los profesionales del mar de nuestra Villa, en este emotivo homenaje a los desaparecidos del "CASTILLO DE MONTJUICH", a quienes Dios tenga en la gloria. Por ello, nuestro más sincero agradecimiento a la Comisión Organizadora por su amable invitación a participar en el mismo, a la vez que nuestro reconocimiento por el trabajo realizado para llevar a cabo tan loable iniciativa. Vaya pues para D. Manuel Martínez Caamaño (Homes de pedra en barcos de pau) y para la Asociación SORUM, nuestra más sincera enhorabuena.

 

Quiero resaltar aquí que, desde la Cofradía, no encontramos palabras suficientes para expresar nuestro respeto y nuestra admiración por actos como éste, cuya finalidad es la de homenajear y recordar a profesionales del mar que han dejado su vida buscando el sustento de su familia en esa batalla que se tiene que arrastrar cada día, singularmente desigual, y que muchas de las veces, como en esta ocasión, remata en profundo dolor, en familias desconsoladas, en hijos desvalidos............ Y es que en este pueblo de Muros, en su totalidad leal y marinero, sabemos de lo que es padecer en las propias carnes el dolor de las tragedias acaecidas en el mar, sufriendo por aquellos marineros que remataron su singladura entre nosotros y que recalaron ya en los brazos de la Virgen del Carmen, nuestra Patrona.

 

Permítannos pues, con toda la ilusión y llenos porqué no, de alegría, sumarnos a este entrañable acto (fervoroso, venerable y a la vez brillante), queriendo en esta mañana - si así se nos permite -- fundirnos con toda emoción, en un apretado abrazo con los familiares de aquellas gentes del mar, que también son nuestras gentes, y mantener viva la llama del recuerdo y honrarlos.

 

 

 

Señores/as familiares, reciban nuestro público reconocimiento, nuestra gratitud, nuestro máximo cariño y nuestro afecto.

 

¡Muchas gracias!

 

 

María Victoria campos en representación de la asociación NÁUFRAGOS DE LA MAR, nos dedicó estas sentidas palabras en el homenaje a los desaparecidos en el naufragio del Castillo Montjuich

 

 

 

Ante todo dar las gracias a todos los aquí presentes, a quiénes por uno u otro motivo nos une un nexo común, cual es LA MAR, la mar con mayúsculas porque parece increible que una palabra tan corta alberge tanta profundidad de contenidos, todos y cada uno de ellos vinculados, de alguna manera a todos nosotros.

Si bien es cierto que en principio, ha sido la tragedia, en nuestro caso, el naufragio del Bonifaz lo que unió a un pequeño grupo de familiares y amigos de los fallecidos y desaparecidos en el mismo, no es menos cierto que después de celebrar aquel humilde homenaje a los nuestros, en este maravilloso pueblo de Muros, acompañados por todos vosotros, surgió algo bonito y emotivo, que culminó en la creación de la Asociación "Naufragos de la Mar".

 Aquí, en este maravilloso entorno, donde respiramos el aire de los hombres de la Mar en el Cabo Finisterre, aprendimos durante esos días una gran lección de solidaridad, humildad, humanidad y apoyo, todo ello nos animó a seguir luchando y amando a lo que tanto todos queremos como es LA MAR y todo lo que ello conlleva. Pero sobre todo la asociación surgió con una idea de avanzar, de ir marcando pequeños objetivos, pero por encima de todos ellos siempre se encuentra el apoyo que nuestra asociación brinda a todas aquellas personas que de alguna manera están unidas para siempre con la mar.

 Reitero nuestra gratitud, porqué así lo sentimos todos el año pasado, cuando homenajeamos a nuestras víctimas, que son de todos, que, en una situación tan dolorosa y trágica como era, este pueblo gallego con su sentir y su presencia la transformó en entrañable, sencilla, humilde pero sobre todo fácil, ¿qué contradicción?, pero así fue, nuestros corazones ese día se liberaron por fin, tanta amargura y tristeza contenidas se convirtieron en tranquilidad, paz y sosiego.

 Por todo ello, agradecemos nuevamente a todos los aquí presentes todo el apoyo y ese granito de arena, que algún día será montaña, para seguir en esta lucha, pero de manera especial queremos entregar, en nombre de la Asociación Naufragos de la Mar, por todo lo que a supuesto para la misma y para cada uno de nosotros, a la asociación SORUM (para a promoción de Villa de Muros), por todo el apoyo que directa e indirectamente, a través de nuestro amigo Manuel, recibimos para llevar a cabo todos nuestros sueños, principalmente el de recordar a nuestros naúfragos o fallecidos en la Mar.

 Muchas gracias por todo.

 

 

 

CASTILLO MONTJUICH. LA PRESENCIA DE LOS AUSENTES

 

 

Buenos días autoridades, vecinos de Muros, buenos días queridas familias

 

Cuando me hablaron de la posibilidad de participar en esta mesa, me pareció una osadía. ¿Cómo iba a hablar de un acontecimiento que no viví en primera persona? Ahora lo vivo como una oportunidad para contaros cómo la vida y la desaparición de un familiar sigue presente en las generaciones posteriores, cómo me siento unida por un hilo a la historia de mi familia.

 

21 de diciembre de  1963. Algo sucede en mi familia; un acontecimiento importante que marcará la vida de mi madre, sus padres y hermanos. El barco en el que viaja mi tío Jose Luis tendría que llegar a puerto, hoy era el día previsto. Se retrasa, hay cierto nerviosismo, la Navidad está cerca y querían celebrarla juntos en Teruel.

No hay noticias, la preocupación empieza a ser más intensa. La llegada del barco se demora. Desde mi familia se ponen en contacto con los familiares de otros tripulantes, pasan los días, 

no hay información clara ...... Comienza la búsqueda, que se suspende mucho antes de lo que los familiares querrían, empiezan a temer lo peor, y al final, se confirma la más triste de las noticias, la desaparición del barco.

 

Para las familias se inicia un tiempo de angustia, de no comprender, de querer conocer más. Necesitan saber qué ha ocurrido.

-          Si el día 14 de diciembre se recibió el último telegrama, si el día 19 los agentes de Elcano cursaron un telegrama al Castillo Montjuich y no obtuvieron respuesta, si se conocía que una gran borrasca se dirigía al norte de las Islas Azores.... ¿Cómo hasta el día 24 no se informa al Ministro de la Marina de la falta de noticias del Castillo Montjuich?

-          Si las condiciones del barco no eran las mejores para navegar en esas circunstancias, ¿cómo no se dan instrucciones hasta 11 días después de haber tenido noticias para preparar, con carácter de urgencia eso sí, un dispositivo de exploración de la derrota prevista del Castillo Montjuich?

-          Si la vida de 37 personas estaba en juego ¿cómo la búsqueda de los buques de guerra españoles duró sólo cuatro días?

-          ¿Cómo sin terminar el año las autoridades daban por finalizadas las operaciones de búsqueda?

-          Si la inquietud y el dolor de las familias era tan intenso, ¿cómo no se les mantiene debidamente informadas, cómo se crea incertidumbre y dudas sobre la investigación?

 

En ese momento las familias necesitaban información, encontrar una explicación a lo que había pasado, sentir que se había hecho todo lo posible y en el momento oportuno para la búsqueda del Castillo Montjuich, que se delimitaran responsabilidades; y también, ser tratadas con respeto.

 

1 de septiembre de 1969. Es mi fecha de nacimiento.

Recuerdo una fotografía de mi tío siempre en el salón de casa de mis abuelos, también en mi casa, pero no recuerdo conversaciones sobre la desaparición, ni las hipótesis de qué podría haber sucedido. Quizás la tristeza no deja hablar, aunque su presencia es constante.

 

Siempre tuve curiosidad sobre este asunto. Qué pasaría, dónde está el barco, cómo puede el mar tragarse a 37 personas y no dejar rastro.

De cría ojeaba algunos papeles que mi abuela guardaba en una caja, cartas que mi tío escribió durante sus viajes y recortes de prensa de diciembre del 63, también los banderines que él traía de cada uno de los países que visitaba.

Siempre tuve un cariño especial por mi abuela. Ahora me doy cuenta de que en ella descubrí a la madre luchadora, buscadora de explicaciones que hicieran justicia y le permitieran vivir con la tranquilidad que puede quedar tras perder un hijo sin saber cómo han sido los últimos momentos de su vida. Una mujer fuerte, con un punto de tristeza en la mirada .....

Busco, busco en Internet. Introduzco mil veces su nombre Jose Luis Mateo, su apodo, Potolo, espero que aparezca en algún lugar del mundo, que de repente una página se abra con información. También busco el Castillo Montjuich pero no encuentro nada que me llame la atención.

¿Cómo puedo tener esta curiosidad? Es como si hubiera una cuerda que me uniera a él, que me llevara a continuar el hilo de una historia no resuelta. Una presencia constante en mi vida: LA PRESENCIA DE LOS AUSENTES.

 

 

 

Una noche, en 2008, vuelvo una vez más a buscar Castillo Montjuich en Internet. De repente aparece "Homes de pedra en barcos de pau".

Increíble, descubro una página en la que diferentes personas hablan sobre la desaparición del Castillo Montjuich, algunas están vinculadas a la mar, otras son familiares de los desaparecidos......¿ Cómo después de tantos años podemos estar tantas personas interesadas por este asunto? Estoy intrigada, inquieta, además hay un marino que acaba de publicar un libro sobre la desaparición del barco. Busco una librería náutica y esa misma noche compro el libro, en dos días lo tengo en casa y me marcho a una playa a leerlo en una tarde. Siento necesidad de devorar la información. Algunas cosas no las entiendo, son datos técnicos, pero no puedo dejar de leerlo hasta llegar al final. Cuando lo termino releo algunas cosas. Siento ganas de llorar...... y de hablar con mi madre.

Le cuento lo que he descubierto durante los últimos días, le propongo que lea el libro, creo que le puede dar tranquilidad y ayudar a ir cerrando la incertidumbre que provoca no tener información.

Hablamos con el resto de la familia. Para algunos resulta duro, es volver a revivir un momento triste y angustioso, remover una herida no cerrada.

 

Y de nuevo una cuerda... Sentir cómo estamos unidos con otras familias que reviven el momento. Nuevos comentarios en el blog, otras personas que se van incorporando a la conversación, la asociación náufragos de la mar, el homenaje a las víctimas del Bonifaz...,  una cuerda entrelazada que crea vínculos entre Muros y Teruel, Santander y Bilbao,  y  entre cada uno de los pueblos y ciudades en los que vivimos los familiares.

Siento que en este momento las familias seguimos necesitando información, explicaciones sobre cómo se actuó desde la empresa y desde las instituciones responsables . Es un asunto no resuelto que sigue presente en nuestras vidas.

 

Tengo en casa la caja con los recortes de prensa y las cartas que con tanto cariño guardaba mi abuela. Quise ordenarlas, escanearlas, ponerlas en un archivo...... Al final, las volví a guardar con todo el cariño, dobladas como estaban, en un papel amarillento en el que se van borrando algunas letras..., supongo que de tanto como ella las releyó para sentir más cerca su presencia.

 

Para terminar quiero dar las gracias a Manuel Martínez Caamaño, quien a través de su bitácora ha sacado a la luz las inquietudes de los familiares y personas vinculadas a la mar que conocían el Castillo Montjuich; a Manuel Rodríguez Aguilar quien, con la publicación del libro Vida y tragedia del mercante Castillo Monjtjuic,  ha aportado la información que no tuvimos en su momento haciendo que los hechos queden recogidos por escrito; a la asociación SORUM para a promoción da vila de Muros ( entidad que colabora en la organización del homenaje), a la asociación náufragos de la mar; a las autoridades y al pueblo de Muros, que nos han acogido con tanto cariño, y sobre todo gracias a los familiares, especialmente a los que vivisteis en primera persona el momento de la desaparición. Gracias por vuestra fuerza, por mantener viva en las familias la presencia de los desaparecidos que hoy honramos. Gracias por haberos arriesgado a venir, por dejar que se remuevan sentimientos y emociones y porque hoy juntos estamos formando una maroma que saca a flote al Castillo Montjuich y a los tripulantes de su último viaje, a quienes la historia quiso enterrar con el silencio.

 

Sara Salvador Mateo

Sobrina de Jose Luis Mateo Arana

Tercer Oficial Castillo Montjuich

 

Manuel Rodríguez Aguilar: Un apasionado de la mar, comprometido con nuestra empresa de realizar un homenaje a los desaparecidos en el mercante Castillo Montjuich, nos acompañó el día 22 de agosto y puso a nuestra disposición su erudición y su conocimiento sobre el CM. y sobre su última y desgraciada singladura.

Pero para mí, lo más importante que nos ofreció, aparte de su buen hacer y de su innegable sabiduría,  fue su amistad, que guardaremos en el lugar donde se guardan las cosas más preciosas y  apreciadas.

Gracias Manuel

 

DISCURSO-HOMENAJE A LOS DESAPARECIDOS DEL "CASTILLO MONTJUICH"

 

Buenos días señoras y señores,

 

Hoy nos hemos reunido en esta localidad de muros para recordar y homenajear a 37 hombres, los tripulantes que desaparecieron junto al vapor "Castillo Montjuich". Sin duda se trata de una deuda que tenemos con ellos y, personalmente, estar presente en esta ocasión es algo muy emocionante. Para mí, el misterio del "Castillo Montjuich" ha supuesto desde hace mucho tiempo una obsesión permanente. Siempre atento a cualquier información, a cualquier noticia, a cualquier dato, a cualquier nueva línea de investigación. Aunque sabía que se trataba de una gran responsabilidad, un buen día tomé la decisión de plasmar todo lo recopilado en un documento. A partir de ese momento, una parte de mi tiempo se convirtió en un enorme trabajo de escritura, de viajes, de contactos, manejando numerosos expedientes, informes y documentos, que finalmente culminaron en un libro. En innumerables ocasiones, antes, durante y después de su redacción, tuve en mi pensamiento a esos 37 tripulantes.  Gracias a este homenaje, la presencia de sus familiares y de otras personas que tuvieron relación con ellos me servirá para conocerles y admirarles todavía más.

 

Tras la guerra civil la situación de la marina mercante española era lamentable. sin embargo, hombres valientes y profesionales que se encargaron de tripular buques viejos y en mal estado, pero que en la mayoría de los casos aguantaron todo lo que se les pidió, elevaron a nuestra marina mercante a la categoría de heroica. Por eso me gustaría romper una lanza a favor de esos mercantes, en general, y del "Castillo Montjuich", en particular. Reconozco que su desaparición en 1963 no deja de ser un misterio y desde que ocurrió se ha opinado, especulado y prejuzgado ampliamente. No debemos de criminalizar a un barco que no deja de ser una estructura metálica construida por el hombre, bajo el control de una organización empresarial formada por hombres y manejado también por hombres. Todos los que hemos navegado sabemos que cada tripulante establece una relación muy particular con el buque en el que trabaja. No ocurre lo mismo en una oficina o en una fábrica, con las que nunca se termina identificando. Los largos periodos de navegación, el aislamiento del resto del mundo, el número reducido de personas a bordo, la proximidad a esos compañeros o el medio marino en que se desenvuelve la actividad, consiguen alcanzar una relación personal y laboral muy especial. En la mar se llega a tener una conexión tan fuerte que esa estructura metálica termina casi siempre formando parte de uno mismo. Es como si se tratara de una prolongación de nuestro interior que nota, siente, sufre y padece por cualquier circunstancia que le pueda ocurrir.

 

Al "Castillo Montjuich" lo construyó un prestigioso astillero británico en 1919, y tocó el agua por primera vez con el nombre de "War Vigour". Era un buque de carga de gran porte para la época, con sistema de propulsión por turbinas y estaba fabricado como se hacía antes, sin demasiadas comodidades para sus tripulantes pero proporcionado, robusto, marinero y preparado para durar. Llegó un poco tarde para colaborar con los aliados en la victoria de la primera guerra mundial, y terminado el conflicto, se incorporó directamente a realizar el trabajo para lo que había sido diseñado: transportar mercancías por todos los mares del mundo. Durante sus primeros años enarboló la bandera británica, y pasado el tiempo fue cambiando por la belga y la francesa.  Según acumulaba millas y cambiaba de propiedad fue luciendo otros nombres: "Andalusier", "Scheldemonde", "Bois-Soleil" o "African Mariner".

 

La Guerra Civil española constituyó un excelente negocio para aquellas navieras que no les importaba conjugar el riesgo con los beneficios.  De esa forma llegamos a conocer por primera vez al vapor británico "African Mariner" transportando mercancías para el gobierno de la republica. Durante los tres años de sangrienta lucha eludió los peligros propios de la navegación y los esfuerzos de uno de los bandos para acabar con su trabajo. A pesar de todo, su suerte se acabó un día del mes de enero de 1939.  Los efectos de un bombardeo aéreo lo dejaron hundido en uno de los muelles del puerto de Barcelona, aunque sin sufrir daños importantes. En el mes de marzo del mismo año fue reflotado y, meses más tarde, reparado e incorporado a la flota mercante española, con el nombre que lo conocimos hasta su desaparición.  En esos momentos ostentaba un record, era el buque mercante de carga más grande de España.

 

         Al poco tiempo le esperaba otra gran prueba: nada menos que la segunda guerra mundial. De nuevo fue un superviviente en unos años que resultaron hundidos un buen número de mercantes españoles, a lo que hubo que añadir la pérdida de muchos de sus tripulantes. Y eso que España volvía a ser una nación neutral. En unos años de escasez y penuria, las cargas que transportó el "Castillo Montjuich" contribuyeron a mitigar el hambre del pueblo español, manteniendo un tráfico marítimo imprescindible junto a otros mercantes que estaban en su misma situación. Sin duda, todos estos barcos disminuyeron las carencias de nuestro transporte marítimo y pusieron las bases para lo que años más tarde sería una importante marina mercante española.

 

         El año 1947 podía haber sido un año decisivo en su vida. El "Castillo Montjuich", con casi 30 años a cuestas, descargaba en el puerto de Gijón a finales del mes de noviembre. Mientras esperaba tomar un nuevo cargamento le sorprendió un violento e inesperado temporal que, tras ímprobos esfuerzos de la tripulación, acabó embarrancándolo sobre las piedras de la costa asturiana. La situación era tan desesperada que tanto los peritos como el seguro lo dieron por perdido. Sus propietarios, la naviera Elcano, fueron los únicos que apostaron por él y terminaron saliéndose con la suya. En cuatro meses de duro trabajo fue reflotado, no sin soportar innumerables inconvenientes. Remolcado hasta Bilbao, en uno de los astilleros de la ría del Nervión se le hicieron reparaciones provisionales mientras se negociaba con varios astilleros españoles su reconstrucción definitiva.

 

         Nada menos que tres años tuvo que pasar en los astilleros de El Ferrol para ver a un barco completamente distinto. Tanto que, salvo el nombre, todo era diferente al anterior. En unos años muy complicados para la industria española por la escasez general de materias primas y de otros elementos, una decisión importante unida a una fuerte inyección económica consiguió que se renovara buena parte de las planchas del casco, la proa, la popa, la maquinaria completa y todo su interior y exterior. La nueva superestructura era muy espectacular, con amplios espacios para la tripulación y camarotes para 12 pasajeros, de corte moderno y con una chimenea siguiendo las últimas tendencias de la época. su nueva proa lanzada y su popa de bobedilla también contribuían a darle una apariencia de buque actual. Sin embargo, aquella gran reconstrucción y modernización no engañaba a nadie y mucho menos a su corazón viejo y cansado.

 

         Así, el "Castillo Montjuich" comenzó en 1951 una nueva vida. Seguía siendo una unidad importante en la flota mercante española, la cual recibió con satisfacción su reincorporación y, además, constituía una pieza fundamental para la naviera Elcano. Por eso se le destinó a los grandes viajes trasatlánticos para transportar importantes cargamentos de mineral o de granos, sin ser un barco especialmente preparado para ello. Puertos norteamericanos y sudamericanos eran sus destinos y a la vuelta era fácil verle descargar por muchos de los puertos españoles.

 

Conforme pasaba el tiempo los problemas empezaron a surgir. La máquina, con muchos de sus componentes todavía nuevos, no daba la talla. La potencia era escasa y la velocidad le hacía eternizar los viajes, todo acompañado de continuas y frecuentes  averías. Las vías de agua en los tanques de doble fondo y otros inconvenientes formaban ya parte de la rutina diaria del mercante. La falta de estabilidad era notoria y las tripulaciones hacían lo que podían para corregir el problema. Las quejas de sus capitanes eran frecuentes pero se perdían por los intrincados caminos y vericuetos de la naviera pública. Las visitas a los astilleros en sus paradas obligatorias se realizaban a satisfacción de los ingenieros e inspectores pero a disgusto de los capitanes y tripulantes, que luego eran los que sufrían sus consecuencias. Los continuos problemas, algunos bastante serios, eran solucionados siempre gracias al tesón y al buen hacer de sus sacrificados tripulantes. Ser destinado al "Castillo Montjuich", en otro tiempo un motivo de satisfacción para cualquier marino, suponía una decepción muy grande.

 

         En los primeros años de la década de los sesenta, a pesar de las dificultades por las que atravesaba España debido al sistema económico adoptado por sus gobernantes, la renovación de nuestra flota mercante era una realidad desde hacía ya varios años.  Las incorporaciones de nuevas unidades se repetían a la vez que las antiguas se iban retirando, la mayoría destinadas al desguace debido a su antigüedad, librando a sus sufridos tripulantes de auténticos peligros. Después de tantos y tantos años, su existencia comercial estaba más que justificada y amortizada. La labor de los marinos mercantes había sido profesional y ejemplar en uno de los trabajos más duros y sacrificados que se puedan encontrar. Pero eran tiempos en los que las exigencias nacionales e internacionales en materia de seguridad o los controles administrativos sobre esta actividad eran poco menos que inexistentes y, cuando se realizaban, la rigurosidad brillaba por su ausencia. La peor de las consecuencias era que los accidentes se repetían con frecuencia, trayendo la tragedia a un colectivo duramente castigado y sumiendo en la más absoluta tristeza y desamparo a sus familias.

 

         En noviembre de 1963, el "Castillo Montjuich" se disponía a cumplir con un nuevo viaje, a pesar de encontrarse ya en la lista para desguace, no en vano había cumplido 44 años de vida sobre la mar. Tras descargar en varios puertos del norte de España cruzaba de nuevo el océano atlántico, como tantas otras veces lo hiciera, camino de los EEUU. En Boston le esperaba un cargamento de maíz, mercancía muy necesaria en tiempos de escasez, que recibirían complacidos varios puertos españoles. Las operaciones de carga fueron realizadas correctamente, según testimonio del primer oficial y de las personas encargadas de la estiba. El día 5 de diciembre, con todos los papeles en regla y una vez autorizados por la exigente administración norteamericana, partió el mercante con rumbo a La Coruña, a donde se le esperaba el día 20 de diciembre.

Todos los tripulantes estaban muy ilusionados. Disfrutar plenamente de las navidades descargando en puerto español era todo un lujo para unos hombres que se pasaban muchos meses seguidos fuera de su casa y sin el contacto próximo de sus seres queridos. Hasta el 14 de diciembre, todos los días el telegrafista transmitió la situación del mercante sin indicar ninguna circunstancia negativa a bordo. A partir de ese día, solo silencio, angustia y desesperación. En el océano atlántico son frecuentes los temporales y en esos días cruzaba uno desplegando toda su furia por las proximidades del mercante español. Su fin tuvo que ser, como dicen los ingleses "sudden and catastrophic", súbito y catastrófico, sin permitir la más mínima oportunidad de salvación a sus tripulantes. Buques de guerra españoles, portugueses y aviones norteamericanos salieron en su busca sin encontrar absolutamente nada. El 22 de enero de 1964 fue oficialmente dado por desaparecido el "Castillo Montjuich".

 

¡Desaparecido sin rastro! que enorme tragedia envuelve esas tres palabras. España, en otro tiempo una importante potencia marítima, había sufrido ya numerosas bajas por esta causa a la que en 1963 se unió el "Castillo Montjuich". La lista de buques desaparecidos la encabezaban el "Apolo", de la naviera Pinillos; el "Mariano Benlliure", de la compañía Valenciana de Correos de África; el "Bakio", de Sota y Aznar; el "Cabo Villano", de Ybarra; el "Ciérvana", de la naviera Hijos de José Tayá; el "Pelayo", de la compañía Marítima de Barcelona; el "Guillén Sorolla", de la compañía Trasmediterránea; el "Íbero", de la naviera Pinillos, o el "Rabat", de la compañía Trasatlántica. Nueve barcos, junto con sus tripulaciones, que son solo una pequeña muestra de la lista completa y de los misterios que esconde la mar. Ante la noticia, tibiamente recogida por los medios de comunicación de la época, la sociedad española permaneció insensible, impasible y con los ojos cerrados por la nueva tragedia humana. Muy pocas muestras de solidaridad con los familiares. Ningún acto en recuerdo de esas 37 personas. De esa forma tan lamentable se trataba por entonces a los que trabajaban y se dejaban la vida por una España mejor.  En muy poco tiempo el más triste de los olvidos.

 

Quiero agradecer a Manuel Martínez Caamaño, que ha sido siempre mi interlocutor en todo lo relacionado con este homenaje, su invitación y sus continuas atenciones, así como a todas las personas e instituciones que han colaborado en su organización por el excelente trabajo, sin duda una demostración de generosidad en estos tiempos que corren.  a todos los familiares de los tripulantes que están hoy presentes, mi mayor respeto, solidaridad y amistad. Finalmente quiero señalar que gracias a este homenaje, 37 compañeros, en cuyas tumbas no florece la rosa, seguirán viviendo en nuestra memoria.

 

Muchas gracias a todos.

 

Manuel Rodríguez Aguilar

Oficial de la Marina Mercante

Autor del libro Vida y tragedia del mercante "Castillo Montjuich".

De la Guerra Civil española a su naufragio 1936-1963.


 

Santiago Fernández regalounos a súa VOZ no acto civil da homenaxe; a súa voz e a súa ben asisada disertación que non foi precisamente o que agora,  eufemisticamente se denomina "politicamente correcta" (non tiña por que selo) nin moito menos!
Alguén dixo que o naufráxio do Castillo Montjuich foi o que os ingleses na súa terminoloxía nautico-xuridica  definen como un "acto de Deus" pero  Santiago razoa que a divinidade nada tivo que ver co afundimento do Castillo Montjuich . Foron os homes, a cobiza , o afán desmedido de lucro os que levaron o fondo do océano o buque e os seus trinta e sete tripulantes.
Alguén tiña que dicilo, e Santiago foi, nesta ocasión, o atinado portavoz  da franqueza.

 

 Gracias Santiago


 


CASTILLO DE MONJUICH MUR0S

 

22 AGOSTO 2009

Sr. Alcalde do Exmo. Concello de Muros, membros do comité organizador deste acto, familiares e amigos das víctimas do buque Castillo de Monjuich, Patrón Maior da Confradía de Pescadores, amigos e amigas: grazas pola vosa presenza nesta cita coa memoria; a memoria, esa condición humana que nos permite vivir e manter vivos nos presentes aos que xa se foron indo.

Hoxe estamos aquí, como hai un ano estivemos cando nos emocinaba a presenza dos familiares das víctimas e dos que sobreviviron a catástrofe daquel buque , Bonifaz, lembrados e xa endexamáis esquecidos, grazas á xenerosa acción duns muradáns, homes e mulleres de ben, de corazón xeneroso e feitos decisivos, que hai anos decidiron trocar as palabras dos futuros hipotéticos e convertelas en presentes. A Asociación Cultural SORUM. Homes de pedra en barcos de pau, lese nese magnífico blog, xa convertido en referencia para quen queira saber algo do mar de Muros e das súas xentes, o blog dese incombustible e xeneroso Manuel Martínez, presidente do comité organizador deste acto.

Eles eran de pedra, de xeixo duro , afeitos ás treboadas.E o seu buque non era de pau. Aquel Castillo de Monjuich era de ferro, vedraño, oxidado, remachado, chapeado, recomposto... tuneado e remendado moitas  veces para seguir facendo singladuras, rotas e nós mariños e despistar ás tormentas do enfurecido Atlántico. Desapareceu un 13 ou  14 de decembro de 1963, hai xa 46 anos. Non se recuperou ningún corpo. O mar frío dun inverno treboso sírvelles aínda de sepulcro. Hoxe son substancia salgada destas materias que sempre se reconverten noutra cousa.

Zarpara de Boston o 5 de decembro, coas bodegas ateigadas de grao; moito grao, en demasía; 300 toneladas de máis; moita carga, moita, para cruzar o Atlántico nunha singladura de invernía. Tiña que atracar na Coruña o 21.  Aqueles tripulantes, mariñeiros, homes de ferro, arelaban pasar as festas do Nadal cos seus. Pais, esposas, fillos, xa non volveron pasar unhas navidades ledas.
Homes de pedra en barcos de pau. Desde Ulises, que desafiou as furias de Neptuno, até os intrépidos descubridores doutras ribeiras, os homes do mar non temen aos perigos, pois non consideran  o mar, nunca, o seu inimigo. Os homes do mar non lle teñen medo a esa mole inmensa de auga salgada; xa saben que con el non se xoga; coñéceno ben e respétano, non ousan sair cando saben que as sáus vidas poden correr perigo.

Pero non foron os mariñeiros do buque os causantes desta desgracia. Se ledes o magnífico libro escrito por Manuel Rodriguez, o noso convidado especial, encontraredes un material sobradamente documentado e prolixo de todo o  que lle aconteceu ao Castillo de Monjuich; e se ledes entre liñas, ou facedes una reflexión deixando que o corazón e a carraxe non vos ofusquen, como fixen eu, creredes que estamos ante un relato de ficción, diante dunha novela.

Aqueles homes que surcaban os mares do mundo estaban xogándose constantemente a vida; pois aqueles buques, o seu lugar de traballo, onde gañaban o sustento dos seus, non reunían as condicións mínimas para poder asegurar que a nave chegaría a bon porto.

 Agora comprendo a nosa devoción mariñeira á Virxe do Carme, que de certo é máis guía e faro que moitos homes que teñen a vida de nós nas súas mans, e converte en milagre o que moitas veces sería catástrofe.

Pois, queridos amigos, non foi só o temporal o que causou o naufraxio do Castillo de Monjuich, senón as navieras, as compañías mariñas; esas que se enriqueceron e enriquecen a mancheas cos traballos dos homes e mullerres do mar. Eles rinse do mar e dos problemas dos seus homes, pois non navegan, non sufren os temporais nin sofren coas liñas concéntricas das isóbaras. Non precisan buscar refuxio nin portos de abrigo. Os seus despachos están lonxe das fría augas do Ártico e dos temporais do Atlántico alporiozado.

Eles foron os que afundiron o Castillo de Monjuich. Desalmados de corazón de pedra e frío na alma.

O libro de Manuel Rodríguez, explica coa fidelidade dun documento notarial, o que en realidade aconteceu. Este libro resulta un documento que tenta facer xustiza a aqueles que hai xa 46 anos nos deixaron dunha forma horrible: afogados.

Por iso é de xustiza esta homenaxe, unha homenaxe que se lles fai a aqueles 37 homes que perderon a vida sen teren dereito a sepultura en terra, e  aos que os políticos daqueles anos esqueceron coma se fosen lixo.

Os políticos e as navieras, afeitas a cumplir co seu obxectivo único: amasar cartos coa explotación dos máis febles. Urkiola, Casom, Prestige...

Escribo literalmente do libro de Manuel Rodríguez."Los escasos comentarios de los prácticos de Boston fueron realizados a la prensa, ya que ,por parte de las autoridades norteamericanas competentes, no se abrió ningún tipo de investigación."Los mares han sido gigantescos.Vemos continuamente los efectos; hace unos días llegó un buque noruego con un bote salvavidas colgando"

En 1964, un ano despois da catástrofe, o Capitán Clogston suicidouse. Lese no libro:"Fue punto culminante , la desgraciada circunstancia del suicidio del capitán Carlton H.Clogston, Jefe de la Oficina Central del Nationals Cargo Bureau, de Nueva Inglaterra, y el que un médico particular declaró víctima de un suicidio, estimando este médico, que el capitán Clogston, se consideraba moralmente culpable por haber aprobado la capacidad de navegación del buque desaparecido".

Vintecatro daquelas trinta e sete víctimas eran galegas: 20  da provincia da Coruña, 4 deles deste concello, de Muros, afeito xa a servir ofrendas e tributos á substancia que tería que ser a nosa riqueza, non a nosa sepultura; 3 de Pontevedra e 1 de Lugo. Outros catro residían en Viscaia; tres eran asturianos; dous murcianos; e de Zaragoza, Teruel, Valencia e Cádiz, un.

E hoxe estamos aquí, nesta terra de "para mariñeiros, nós", nesta ría de montes e mar, nesta vila acolledora e xenerosa, na que unhas mans antigas escribiron nas pedras as historias, memoria outra vez eterna, dos que nos precederon.

A xente de aquí sabe que o mar trae a sorte e a fortuna, o loito e a esperanza, os saloucos e, ás veces tamén, un bico, un sorriso...

Pois Muros é pedra, da boa, como San Pedro, o noso patrón, mariñeiro de pedra, neste territorio de rochas , penedos, cons,louros e  pindos. Mais co corazón afeito a dar e a sufrir.

Os que non sodes desta vila, queremos  darvos á benvida e a nosa hospitalidade, como fixemos e facemos cos que arriban a esta ribeira; pois temos a ben dicir e cumplir aquilo de que para o viaxeiro que aquí se achega, non é este nunca un lugar de paso, pois hai algo no resendo do aire que vos obrigará  a detervos, a percorrer as nosas centenarias rúas, a reflectirvos neste mar que non é só espello ao mencer do día  no que se mergullan as faíscas que saen do corazóns dos muradáns que andan a percorrer, coma sempre, o mundo.

Santiago Fernández.

 

 

 

 

Despois dunha homenaxe onde a emotividade foi a nota dominante e a lembranza dos desaparecidos o eixe central, quedan no recordo aspectos que parecen nimios pero que dan a medida de que ás veces as cousas sinxelas son mais elocuentes que as grandes palabras ou os actos mas formais.

O pasado ano, durante a homenaxe ás vítimas do petroleiro Bonifaz, Milagros contábanos entre bagoas de emoción, como a súa nai antes de partir  deixoulle tantos caramelos como días ía a pasar lonxe da casa e  dixolle - Cando vexas que xa che quedan poucos, é que eu xa estarei próxima a volver a casa. Nunca regresou!

Fai uns días, durante o funeral polos desaparecidos no mercante Castillo Montjuich, a bisneta do capitán Arriandiaga, unha preciosa nena de catro anos, preguntaba ao seu pai por que achegaban unha vela ao altar. O seu pai explicoulle que levaban esa vela ao seu avó, e os dous collidos da man achegaron a chama ao altar onde se atopaba o cura,  meu irmán.

Na imaxinación da nena forxouse a crenza de que o seu avó era el, pois hasta a sua veira levaran a vela. O resto do día pasouno ao seu lado na súa crenza de que atopara na figura do meu irmán, ao seu avó.

Moncho, ao día seguinte, comentoume que tan só aínda que fose por esa pequena e tenra anécdota, xa merecera a pena a súa asistencia.

 

É que ás veces nos pequenos detalles da vida, encérranse os mas grandes sentimentos.

 

 


 


 

 

 

Después de un homenaje donde la emotividad ha sido la nota dominante y el recuerdo de los desaparecidos el eje central, quedan en la memoria aspectos que parecen nimios pero que dan la medida de que a veces las cosas pequeñas y sencillas son mas elocuentes que las grandes palabras o los actos mas formales.

El pasado año, durante el homenaje a las victimas del petrolero Bonifaz, Milagros nos contaba entre lagrimas de emoción, como su madre antes de partir le dejó tantos caramelos como días iba a pasar lejos de casa y le dijo - Cuando veas que ya te quedan pocos, es que yo ya estaré cercana a volver a casa. ¡Nunca regresó!

Hace unos días, durante el funeral por los desaparecidos en el mercante Castillo Montjuich, la biznieta del capitán Arriandiaga, una preciosa niña de cuatro años, preguntaba a su padre por que acercaban una vela al altar. Su padre le explicó que llevaban esa vela a su abuelo y los dos cogidos de la mano acercaron la llama al altar donde se encontraba el cura, mi hermano.

 En la imaginación de la niña se forjó la creencia de que su abuelo era el, pues hasta su vera habían llevado la vela. El resto del día lo pasó a su lado en su creencia de haber encontrado en la figura de mi hermano a su abuelo.

Moncho, al día siguiente, me comentó que tan solo aunque fuese por esa pequeña y tierna anécdota, ya habría merecido la pena su asistencia.

 

Es que a veces en los pequeños detalles de la vida, se encierran los mas grandes sentimientos.

Vecinos de Muros tributaron un homenaje a las víctimas del mercante Castillo de Montjuich con varios actos que recordaron a los cuatro marineros del municipio que viajaban en el barco cuando desapareció en el Atlántico en el año 1963.

El encuentro comenzó con la lectura de discursos que rememoraron a Manuel Lestón, Jesús Fernández, Manuel Torea y Manuel Sendón, los muradanos que formaban parte de la tribulación y que perdieron la vida en el naufragio del Castillo de Montjuich. En el homenaje, al que también asistieron el alcalde, Domingos Dosil, y el patrón mayor, Daniel Formoso, hubo momentos muy emotivos. El más intenso se produjo cuando la sobrina de uno de los fallecidos, Sara Salvador, no pudo contener las lágrimas durante su intervención.

La asociación Sorum colaboró con Manuel Martínez en la realización de los actos, a los que acudieron más de un centenar de personas procedentes de varios puntos de España. La mayoría de los asistentes son familiares de los náufragos.

Ofrenda floral

Después de la lectura de los discursos se ofició una misa solemne en la que se tocaron las tres campanas de la iglesia Muros de San Pedro, que solo suenan en circunstancias excepcionales.

Tras la ceremonia, los asistentes pusieron fin al homenaje con una ofrenda floral en recuerdo de los 37 tripulantes desaparecidos. Varios ramos de flores y una corona se depositaron en la escultura de A Vella, situada en el paseo marítimo y dedicada a los marineros fallecidos.

Durante la ofrenda, el poeta muradano Marcelino García leyó unos versos escritos para la ocasión. Posteriormente, una banda de gaitas interpretó el himno gallego. Al final del homenaje, los presentes entonaron


Fuente: La Voz de Galicia

Acto civil no salón de actos da Casa da Cultura en Muros


Maria Victoria Campos, Secretaria da asociación NAUFRAGOS DE LA MAR


Unha vela por cada naufrago do C.M. ( Sacerdote, Ramon Martinez Caamaño)


Familiares dos naufragos e integrantes de naufragos de la mar, despois do funeral


O alcalde muradan xunto a Pedro e Domin da asociacion SORUM durante a ofrenda floral


Ofrenda floral na Vella do Paseo


Marcelino Garcia Lariño lee un poema durante a ofrenda


Flores para a lembranza


Clausura do acto


Membros do comite organizador durante a comida de confraternidade


 Tertulia de sobremesa


 

 

Fotos de  D. Jose Luis Santamaria (Naufragos de la Mar) e de D. Alfonso Mera (Parroco de Muros)

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