Na primavera do ano 1981 navegaba eu embarcado de contramestre nun arrastreiro con base en Muros nomeado Peña Negra. O barco era como a maioría da flota de arrastre de Muros naqueles anos , un vello cascallo de pau con moitos anos de mar no seu lombo . Faenábamos a altura de Cabo Corrubedo , nunha zona chamada Mar De Navallas. O tempo era de Nordeste froxiño con un pouco de marexada de vento. O sexa un día de tantos en esta costa. Acabábamos de recoller o lance i estabamos navegando un pouco para buscar a largada que o patrón desexaba , cando sube o motorista con xesto desencaixado e ostensiblemente nervioso. - ¿Qué lle pasa señor Ricardo , que mesmo parece haber visto unha anima do outro mundo?,- pregunteille eu a ver o seu estado. - Temos unha vía de auga , balbuciu mentres corría para o puente para avisar o patrón. Logo todo sucedeu con moita celeridade . Comprobamos que as bombas de achique non daban abasto a achicar toda a cantidade de auga e que o barco anegábase rapidamente , o patrón dou o sinal de alarma pola telefonía a os outros barcos que se atopaban nas proximidades e mandou arriar unha balsa polo costado de sotavento. E de salientar que todos estábamos moi tranquilos a pesar da situación porque as condicións metrorolóxicas non eran moi malas e ademais todos tiñamos unha confianza cega nas decisións do patrón. O motor principal quedou inutilizado os poucos minutos, pois o nivel da auga chegoulle a algunha parte vital . Pero o motor auxiliar situado a maior altura continuaba achicando ca sua potente bomba , iso dábanos uns minutos de marxe para a chegada de axuda. Na lonxania xa se divisaba a silueta do “María Auxiliadora”(ese era o nome mais adecuado no momento para o barco que nos ía salvar)que tamén era un arrastreiro de Muros o cal se aprestou a socorrernos . O patrón o ver que se achegaba a axuda , ordenou que toda a tripulación embarcase na balsa e pediunos a o motorista e a min si queriamos quedar con el abordo mentres o motor auxiliar seguise achicando. Nin o Señor Ricardo nin eu dubidamos un solo instante, continuariamos abordo co patrón ate que el creese coveñente. O María Auxiliadora arribou o noso carón en poucos minutos e recolleu os náufragos da balsa . Nos os tres , démoslle un remolque o Auxiliadora ca esperanza de poder ser remolcados ate algunha praia antes de que o barco afundise. E así fomos uns poucos minutos ate que o motor auxiliar finou tamén. O señor Ricardo e mais eu fomos o compartimento de maquinas e comprobamos que o nivel da auga subira moito en poucos minutos. Comunicámosllo o patrón e el dou a orde de picar o remolque e de abandonar o buque. Ca machada de contra incendios cortei o remolque mentres o patrón comunicábase co María Auxiliadora para que acoderase a nos para recollernos. Non foi doado o abandono , pois a marexada e o vento aumentaran dende o principio do incidente e a manobra de acoderar facíase imposible. O único que podía facer o patrón do Auxiliadora era tratar de arrimar a sua popa o noso costado para aproveitando a anqueada do mar tratar de saltar de un barco a outro. Para o patrón e para min , que eramos mozos non representaba moita dificultade o salto , pero o Señor Ricardo próximo xa a súa xubilación tiña medo non ser capaz de facelo. O patron colleuno por unha man e mirandolle para os ollos díxolle – Non che vou a soltar , pase o que pase non che soltarei, - eu agarreino pola outra man e así collidos os tres pola man esperamos a anqueada propicia para saltar e collidos da man “aterramos” na cuberta do Auxiliadora. Non pasaron cinco minutos entre o abandono do Peña Negra e o seu afundimento. Foise colando de popa pouco a pouco ate que no ultimo intre puxo a súa proa o sol para de seguido desaparecer tragado pola augas. Quen mais , quen menos de nos tiña a faciana desencaixada e todos tratábamos de conter as bagoas algún non o logrou e choraba desconsoladamente. Un deles era o noso patrón, o cal apoiado na regala do Auxiliadora , contemplaba as augas onde so facía un intre desaparecera o Peña Negra. ¡Acababa de facerse a idea de que perdera o seu barco!. O Peña Negra repousa a media milla do Rosa Náutica outro arrastreiro de Muros que afundira uns anos antes o ser embestido por un Gransolero.

O patrón poucos meses despois mercou outro barco.

O señor Ricardo xubilouse e nunca mais volveu o mar.

Eu non tardei unha semana en volver a embarcarme de novo.

 

Este es el relato de lo acontecido en mi único naufragio,  un incidente sin desgracias personales, el cual a mi sirvió para darme cuenta de que en la mar, en  cualquier momento puede surgir un incidente, y lo que es mas importante, asimilé que la serenidad, salva vidas. Hoy yo soy el patrón y espero no volver a pasar por un trance  parecido, pero si así fuese, querría ostentar la templanza que demostró aquel que lo era en ese momento.

 

En la primavera del año 1981 navegaba yo embarcado de contramaestre en un arrastrero con base a Muros nombrado Peña Negra.
El barco era como la mayoría de la flota de arrastre de Muros en aquellos años, un viejo cascajo de madera con muchos años de mar en sus espaldas.
Faenábamos la altura de Cabo Corrubedo, en una zona llamada Mar De Navallas. El tiempo era de Nordeste flojito con un poco de marejada de viento; O sea un día de tantos en esta costa.
Acabábamos de recoger las redes y estábamos navegando un poco para buscar un nuevo lugar donde calarlas, cuando sube el motorista con gesto desencajado y ostensiblemente nervioso.
- ¿Qué le pasa señor Ricardo, que mismo parece haber visto un ánima del otro mundo?,- le pregunté yo a ver su estado.
- Tenemos una vía de agua, balbució mientras corría para el puente para avisar el patrón.
Luego todo sucedió con mucha celeridad. Comprobamos que las bombas de achique no daban abasto para evacuar  toda la cantidad de agua y que el barco se anegaba rápidamente, el patrón dio la señal de alarma por la telefonía a los otros barcos que se encontraban en las cercanías y mandó arriar una balsa por el costado de sotavento.
Es de destacar que todos estábamos muy tranquilos a pesar de la situación porque las condiciones meteorológicas no eran muy malas y además todos teníamos una confianza ciega en las decisiones del patrón.
El motor principal quedó inutilizado a los pocos minutos, pues el nivel del agua le llegó a alguna parte vital, pero el motor auxiliar situado a mayor altura, continuaba achicando con su potente bomba, eso nos daba unos minutos de margen en espera de la llegada de ayuda.
En la lejanía ya se divisaba la silueta del "María Auxiliadora" (ese era el nombre mas adecuado en el momento para el barco que nos iba a salvar,) que también era un arrastrero de Muros el cual se apresto a socorrernos.
El patrón el ver que se acercaba la  anhelada ayuda, ordenó que toda la tripulación embarcarse en la balsa y nos pidió a el motorista y a mí sí queríamos quedar con él abordo mientras el motor auxiliar siguiese achicando. Ni el Señor Ricardo ni yo, dudamos un solo instante, continuaríamos abordo con el patrón hasta que él creyese conveniente.
El María Auxiliadora arribó a nuestro costado en pocos minutos y recogió los náufragos de la balsa. Mientras nosotros tres, le dimos una estacha al Auxiliadora con la esperanza de poder ser remolcados hasta alguna playa antes de que el barco se hundiese. Y así fuimos unos pocos minutos hasta que el motor auxiliar también finó.
El señor Ricardo y yo fuimos al compartimiento de maquinas y comprobamos que el nivel del agua había subido mucho en pocos minutos. Se lo comunicamos al Patrón y él dio la orden de picar el remolque y de abandonar el buque.
Con un hacha corté el remolque mientras el patrón se comunicaba con el María Auxiliadora pidiéndole que se abarloase a nosotros para recogernos.
No fue fácil el abandono, pues la marejada y el viento habían aumentado desde el principio del incidente y la maniobra de acoderar se hacía imposible.
Lo único que podía hacer el patrón del Auxiliadora era tratar de arrimar su popa nuestro costado para, aprovechando la anqueada del mar tratar de saltar de un barco a otro.
Para el patrón y para mí, que éramos jóvenes no representaba mucha dificultad el salto, pero el Señor Ricardo próximo ya a su jubilación tenía miedo de no lograrlo.
El patrón lo cogió por una mano y mirándole a los ojos le dijo - No te voy a soltar, pase lo que pase no te soltaré, - yo lo agarré por la otra mano y así cogidos los tres, esperamos la anqueada propicia para saltar y cogidos de la mano "aterrizamos" en la cubierta del Auxiliadora.
No pasaron cinco minutos entre el abandono del Peña Negra y su hundimiento. Se fue colando de popa poco a poco hasta que en su ultimo suspiro puso su proa al sol para a continuación desaparecer tragado por la aguas.
¿Quién mas , quien menos de nosotros tenía la cara desencajada y todos tratábamos de contener las lagrimas alguno no lo logró y lloraba desconsoladamente. Uno de ellos era nuestro patrón, el cual apoyado en la regala del Auxiliadora, contemplaba las aguas donde solo hacía un rato había desaparecido el Peña Negra. ¡Acababa de hacerse la idea de que había perdido su barco!
El Peña Negra reposa la media milla del Rosa Náutica otro arrastrero de Muros que se hundiera unos años antes al ser embestido por un barco que hacia ruta hacia el Gran Sol.

El patrón pocos meses después compró otro barco.
El señor Ricardo se jubiló y nunca más volvió al mar.
Yo no tardé una semana en volver a embarcarme de nuevo