O meu irmán que é hoxe en día sacerdote, pero que foi durante moitos anos patrón de pesca e polo tanto polas súas veas corre metade e metade auga salgada e sangue, envíame esta preciosa historia, unha de entre as miles que terá vivido durante os seus anos embarcado.
Co seu asentimento decídome a facer publica aquí esta historia alentándoo para envie mais.
Bicos e apretas.

In Memoriam.

Nos anos que estiven na mar coñecín a moita xente, vellos mariños uns e outros non tan vellos e penso que lembrar aos vellos mariñeiros que tiveron algo que dicir, moito ou pouco, neste ámbito da mar é un labor xusta.
Facendo este exercicio de memoria acordeime dun feito acaecido fai moito tempo e que en aquel entón me encheu de desasosego sen saber moi ben explicar o porqué. É a anécdota do vello Tomás, que hoxe vos cónto aquí polo interese humano da mesma.
O vello Tomas era fraco e desgairado, con engurras profundas na parte posterior do pescozo. Tiña nas súas mans as fondas cicatrices que causa a manipulación das redes e das artes de pesca. Pero ningunha das cicatrices eran recentes. Eran tan vellas como as erosións dun árido deserto. Todo nel era vello, agás os seus ollos; e estes tiñan a cor mesmo da mar, alegres e vivos. Navegaba de maquinista cun título de fogoneiro habilitado, tamén vello.
Faltando pouco para a súa xubilación, olleino preocupado, case obsesionado, polas cousas do máis alá, preocupáballe morrer sen deixar rastro.
Un día subiu a verme á ponte e deume un papel sucio e enrugado no que estaba escrito un epitafio e pediume que se a el pasáballe calquera desgraza encargáseme eu de que llelo puxesen na súa tumba.
Dicía así:

Un Padre nuestro por mi

que yo te lo pido hermano.

Que sea tarde o temprano

tienes que venir aquí.

Lo que tu eres yo fui,

lo que yo soy tu serás

Y luego te alegrarás

de que lo recen por ti.


Tomas morreu, pouco despois, afogado nun desgraciado accidente nos caladoiros do Gran Sol mendigando Padrenuestros e o seu corpo non volveu a aparecer nunca e eu sentín a gran pena de non haber podido poñer o seu epitafio no seu sepulcro.
Sen embargo penso que 56 anos de mar, de traballos e penalidades, de honradez e sen deixar nunca de ser pobre é en si mesmo unha Oración sublime. E se de paso alguén ten a ben rezar un Padrenuestro polo eterno descanso do meu amigo Tomas, terá merecido a pena esta lembranza.

Ramoncho

Mi hermano que es hoy en día sacerdote, pero que fue durante muchos años patrón de pesca y por lo tanto por sus venas corre, mitad y mitad agua salada y sangre, me envía esta preciosa historia, una de entre las miles que habrá vivido durante sus años embarcado.

Con su asentimiento me decido a hacer publica aquí esta historia alentándolo para envié mas.

Besos y abrazos.

In Memoriam.

En los años que estuve en la mar he conocido a mucha gente, viejos marinos unos y no tan viejos los otros y pienso que recordar a los viejos pescadores que tuvieron algo que decir, mucho o poco, en este ámbito de la mar es una labor justa.

Haciendo este ejercicio de memoria me acordé de un hecho acaecido hace mucho tiempo y que en aquel entonces me llenó de desasosiego sin saber muy bien explicar el porqué. Es la anécdota del viejo Tomás, que hoy os la cuento aquí por el interés humano de la misma.

El viejo Tomas era flaco y desgarbado, con arrugas profundas en la parte posterior del cuello. Tenía en sus manos las hondas cicatrices que causa la manipulación de las redes y aperos de pesca. Pero ninguna de las cicatrices eran recientes. Eran tan viejas como las erosiones de un árido desierto. Todo en él era viejo, salvo sus ojos; y estos tenían el color mismo de la mar, alegres y vivos. Navegaba de maquinista con un título de fogonero habilitado, también viejo.

Faltando poco para su jubilación, lo vi preocupado, casi obsesionado, por las cosas del más allá, le preocupaba morirse sin dejar rastro.

Un día subió a verme al puente y me dio un papel sucio y arrugado en el que estaba escrito un epitafio y me pidió que si a él le pasaba cualquier desgracia me encargase yo de que se lo pusieran en su tumba.

Decía así:

Un Padre nuestro por mi

que yo te lo pido hermano.

Que sea tarde o temprano

tienes que venir aquí.

Lo que tu eres yo fui,

lo que yo soy tu serás

Y luego te alegrarás

de que lo recen por ti.

Tomas murió, poco después, ahogado en un desgraciado accidente en los caladeros del Gran Sol mendigando Padrenuestros y su cuerpo no ha vuelto a aparecer nunca y yo he sentido la gran pena de no haber podido poner su epitafio en su tumba.

Sin embargo pienso que 56 años de mar, de trabajos y penalidades, de honradez y sin dejar nunca de ser pobre es en sí mismo una Oración sublime. y si de paso alguien tiene a bien rezar un Padrenuestro por el eterno descanso de mi amigo Tomas, habrá merecido la pena este recuerdo.

Ramoncho