Hoxe cúmprense 109 anos da voadura en estrañas circunstancias do acoirazado Maine da armada yankee no porto de Magnates da prensa como Pulitzer ou o todopoderoso William Randolph Hearst, editor do New York Journal, magnificaron o suceso, excitando á opinión pública ata colocala en pé de guerra. As páxinas destes periodicos, que vendía cinco millóns de exemplares diarios, pintaban unha España decadente e brutal que escravizaba aos cubanos e matábaos mediante o fame e as privacións. A campaña xornalística prendeu na clase política, moi proclive, doutra banda, ao belicismo infantil que imperaba entón. En abril o Congreso americano esixiu a España que se retirase de Cuba. A pesar de que se trataba dunha simple resolución, o Goberno español, espoleado polo ambiente patriótico que se vivía nas cidades, tomouno como unha declaración de guerra e rompeu relacións diplomáticas con Washington. A guerra empezou formalmente o 25 de abril. A flota americana do Pacífico, fondeada en Hong Kong, dirixiuse presta a Filipinas, onde derrotou sen contemplacións a escuadra española do almirante Patricio Montojo, concretamente na baía de Cavite. Foi unha derrota humillante. Montojo, aterrado pola potencia de fogo do inimigo, tirou a toalla e ordenou afundir os seus propios barcos. O de Cavite sería o aperitivo da traxedia da Armada en Cuba. A flota do Atlántico atopabase, ao mando do contraalmirante Pascual Cervera, á espera de entrar en combate nas illas de Cabo Verde. Recibiu ordes de zarpar ao Caribe e romper o cerco americano. Decatados os americanos da posición da Armada española, deseñaron unha sinxela estratexia de pinza. O xeneral Shafter desembarcou na illa cun exército de 17.000 homes: tropa regular, marines e un bo número de voluntarios. Entre estes últimos eran especialmente temibles os Rough Riders, a cuxo fronte situábase un impetuoso Theodore Roosevelt, que co tempo chegaría a ser presidente dos Estados Unidos. Os marines tomaron Guantánamo, a 60 quilómetros de Santiago, mentres, no mar, a forza naval pechou a cal e canto a baía santiaguera. O cerco terrestre sobre Santiago pechábase por días. De pouco servían a entrega e o sacrificio dos soldados españois. As tropas americanas eran máis numerosas e estaban mellor armadas, e as súas liñas de avituallamento funcionaban á perfección grazas ao apoio dos independentistas cubanos. A caída da cidade era
Lembremo
Os americanos, coa desculpa de salvagardar os interéses dos seus naturais en Cuba, enviaron un rexo acoirazado, o Maine, ao porto de
A declaración de guerra foi un suicidio. España non podía nin soñar medirse co exército americano: a súa flota estaba, como sempre, mal mantida, e, por se isto fóra pouco, non se planificara a defensa das illas. A típica chapuza española plagada de improvisacións. Cervera puxo rumbo a Porto Rico, onde o comodoro Sampson esperaba interceptalo. Quedouse cun palmo de narices: tan penoso era o estado da escuadra de Cervera que tardou unha eternidade en cruzar o Atlántico. Deste modo, inesperado e fortuíto, Cervera eludiu o bloqueo e arribou ao Caribe sen contratempos. Sabedor de que a flota de Sampson merodeaba polas augas de Porto Rico na súa busca e de que
Hoy se cumplen 109 años de la voladura en extrañas circunstancias del acorazado Maine de la armada yankee en el puerto de La Habana.
Recordemos el hecho y las consiguientes consecuencias de ese incidente.
Los americanos, con la disculpa de salvaguardar los intereses de sus naturales en Cuba, enviaron un fornido acorazado, el Maine, al puerto de
Magnates de la prensa como Pulitzer o el todopoderoso William Randolph Hearst, editor del New York Journal, magnificaron el suceso, excitando a la opinión pública hasta colocarla en pie de guerra. Las páginas de estos periodicos, que vendía cinco millones de ejemplares diarios, pintaban una España decadente y brutal que esclavizaba a los cubanos y los mataba mediante el hambre y las privaciones.
La campaña periodística prendió en la clase política, muy proclive, por otro lado, al belicismo infantil que imperaba entonces. En abril el Congreso americano exigió a España que se retirase de Cuba. A pesar de que se trataba de una simple resolución, el Gobierno español, espoleado por el ambiente patriótico que se vivía en las ciudades, lo tomó como una declaración de guerra y rompió relaciones diplomáticas con Washington.
La flota del Atlántico se encontraba, al mando del contralmirante Pascual Cervera, a la espera de entrar en combate en las islas de Cabo Verde. Recibió órdenes de zarpar al Caribe y romper el cerco americano.
La declaración de guerra había sido un suicidio. España no podía ni soñar medirse con el ejército americano: su flota estaba, como siempre, mal mantenida, y, por si esto fuera poco, no se había planificado la defensa de las islas. La típica chapuza española plagada de improvisaciones. Cervera puso rumbo a Puerto Rico, donde el comodoro Sampson esperaba interceptarle. Se quedó con un palmo de narices: tan penoso era el estado de la escuadra de Cervera que tardó una eternidad en cruzar el Atlántico. De este modo, inesperado y fortuito, Cervera eludió el bloqueo y arribó al Caribe sin contratiempos. Sabedor de que la flota de Sampson merodeaba por las aguas de Puerto Rico en su busca y de que
Enterados los americanos de la posición de
El cerco terrestre sobre Santiago se cerraba por días. De poco servían la entrega y el sacrificio de los soldados españoles. Las tropas americanas eran más numerosas y estaban mejor armadas, y sus líneas de avituallamiento funcionaban a la perfección gracias al apoyo de los independentistas cubanos. La caída de la ciudad era cuestión de tiempo.
El sabotaje del Maine en Cuba es como las armas de destrucción masiva en Irak, una excusa debidamente manipulada a través de los medios de comunicación.
Un saludo.
Seguro que en nuetra larga historia existen miles de casos por los cuales podemos estar orgusosos.
No se por que razon tenemos esa tendencia mazoquista de exponer enpublico las miserias de nuestra historia, de esto ya se encargan los demas.
Yo vivo en el extrangero y veo que cada vez que se menciona a Espanña en la prensa extrangera es casi siempre para desacreditarla pero no he visto nunca ninguna otra nacion que exponga lo negativo de su hitoria y como ya dige en oto caso,”trapos sucios los tenemos todos” pero solo a nosotros nos gusta solearlos.
Home de Pau, diches cun dos meus temas favoritos, durante certo tempo lin moito sobre o guerra de Cuba, non só por motivos familiares senón por interés persoal.
¿Sabías que o alcance de tiro dos barcos esañois era exactamente a metade que o dos canons dos Americanos?, Asi e todo, a guerra maritima foi curta pero intensa, os barcos españois se metían no campo de tiro dos aamericanos casi de forma suicida. E unha guerra chea de grandes homes que fixeron grandes fazañas, no en vano viviamos ainda nunha especie de romanticismo, e a honra valía máis que a vida. No é para nada un episodio miserable, é unha guerra colonial perdida e si me permites un exemplo moi clarificador de como fan a súa politica exterioros EE.U.
De las artimañas y las mentiras o medias verdades de los hijos del Tio Sam , líbrenos Dios “Uncultivador”.
La historia es como es “EU” a veces (demasiadas) no nos gusta, pero no por ello debemos ni podemos ocultarla y ni mucho menos obviarla. De los errores pasados podemos extraer lecciones para no volver a incurrir en los mismos otra vez. Pero ya sabes , somos el único animal que tropezamos…
Algún día aprenderemos.
Te veo muy “puesta” en el tema Marta.
No se puede culpar a los militares del desastre del 98 y nada más lejos de mi intención era dar esa impresión.
Los bravos marinos españoles se batieron contra una de las armadas más potentes del planeta en aquellas fechas, con una carencia de medios y de armas apabullante.
Episodios heroicos a la par de estériles se sucedieron con demasiada frecuencia y las guerras por aquel entonces no se ganaban ya de esa guisa.
Se perdió entonces lo poco que nos quedaba de las posesiones coloniales a manos de los Yankees. Pero si no hubiesen sido ellos otros “perros” estaban ya atentos para la caza de esa fácil presa.