Esta es la historia de Angela y Gregorio, mis abuelos. Su vida se desarrollo en tiempos difíciles, el hambre y la penuria asolaban la España de la posguerra, pero tuvieron la suerte de encontrarse, y el amor loco que el uno sentía por el otro, aminoró la tristeza de esos años.
A pesar de su amor, los comienzos de su historia no fueron fáciles. El abuelo pertenecía a una familia acaudalada, de alto nivel social y económico de la época, y la abuela pertenecía a una humilde familia, encabezada por una madre que soporto los duros tortazos que, por un lado la vida y por otro su marido, la propinaban. La oposición a la relación por parte de la primera familia se hizo notar desde el principio, para nunca desaparecer.
Pero su amor podía con todo, y era tan grande que tuvieron 5 niñas, una detrás de otra, a pesar de que para la última ya tenían preparado todo el ajuar de azul y un coche de policía como primer juguete.
Era un amor tan grande que supero durante mucho tiempo la distancia y la ausencia larga, y es que el abuelo era marinero, engresador de máquina para ser más exacta, y recorrio medio mundo bordo del Bonifaz.
Largas temporadas pasaba alejado de su mujer y sus niñas, y cada vez que partía de nuevo se hacía más dura que la anterior. La abuela Ángela sufría mucho, por eso en uno de los viajes que el abuelo tenía que hacer por la costa española, ella decidio acompañarle.
El viaje no era de mucha envergadura, solo se trataba de llevar el barco a reparar a Cartagena y el capitan accedio a que la abuela viajara en el barco. Las 5 niñas quedaron a cargo de la abuela Justa (la madre de Ángela), una mujer única a la que adoraban.
A penas llevaban unas horas embarcados cuando el mar se los trago en la costa gallega, por un choque con el maldito barco Fabiola. Fue el 3 de julio de 1964. Mi madre y mis tias se quedaron solas, y 11 nietos que nunca conocieron a sus abuelos.
El sábado en Muros, vamos a homenajearles, a ellos y a las demás victimas que están con ellos en los restos del Bonifaz. Vamos a recordarles y a celebrar que existieron.
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fermosa a historia que contas, ainda que, por desgracia, non e a única que remata de forma semellante, e na nosa terra seguro que todos coñecemos dalgunha polo estilo, sen desmerecer, claro está, a que ti nos relatas, pareceme unha grande idea a da homenaxe as victimas do Bonifaz, a todos nos toca nalgún veciño, ainda que eu non coñecín a ningún deles, non colleron a miña quinta...
Felicidades pola paxina, de feito, puxen un enlace na miña.
Un saudo
Fillasdomar
Grazas fillasdomar polo teu comentario e por poñer un enlace a Homes de Pedra en Barcos de Pau na túa paxina.
Claro que historias como estas hai abondas, pero para Noemí , esta e a súa historia e a súa xente. Poder ler con que agarimo e respecto trata a memoria dos seus avós , pode emocionar hasta as mesmísimas pedras.
Apertas , e animo ca túa bitácora
História bonita de se ler..triste de se viver..mas felizes dos que deixam gerações posteriores que sejam capazes de como tu ....amigo marinheiro...de as colocar no papel ou aqui ou onde quer que sejam como testemunho para quem lê...A imortalidade é um conceito..que para mim só acaba quando a nossa memória termina..todos temos alguém qua amamos que já não está fisicamente connosco..serão sempre imortais enquanto nos lembrar-mos
Marieke
Grazas a ti amiga Marieke , que dende o querido e veciño Portugal dende a fermosisima Costa Nova , sigues as andanzas de este mariñeiro.
E para min un pracer contar como amigos no meu blog a xente como o Capitan Veiga e a ti.
Por certo contoche un segredo , pero que non se entere nadie.
O sabado , que foi o dia da homenaxe . estaba eu vestido apropiadamente para os eventos con traxe e garabara , e unha gaivota , aves ruins onde as haba, enviome un recadiño dende as alturas en forma de excremento. Esta situacion fixonos reir e lembrarnos do teu comentario de dias pasados.
Pero lembra que isto e un segredo.
Apertas e sorrisos