Domingo Guerra París que é o presidente da asociación muradana SORUM para a promoción da vila de Muros, escribiu, para súa lectura na homenaxe as vítimas do Bonifaz, estas palabras tan fermosas i emotivas .

Nelas fai un percorrido polas súas lembranzas de neno na nosa vila, o recordo dos partidos de fútbol na praia da Virxe, os seus xogos polos peiraos entre redes e caixas de peixe, rememora as imaxes dos vellos mariñeiros que miraban con semblante emocionado pasar a nosa Patrona , a nosa Virxe do Carme na súa procesión . Domingo tamén tivo unas emocionadas e sentidas palabras para a súa nai Tomasa , falecida desgraciadamente fai poucas datas.

Pero lede a Domingo e veredes que dende o seu maxín e a través os seus dedos escórrense anaquiños da súa vida e plásmanse no papel de maneira emotiva e maxistral.

Grazas Domingo , grazas amigo; por que grazas a ti é a todos os compañeiros de SORUM , lograstedes facer felices a moitas persoas cumprindo o seu soño e conseguistedes honrar a nosa vila e a nosa xente.


Excelentísimas e Ilustrísimas Autoridades. Familiares y Compañeros de los Homenajeados. Queridos vecinos, Señoras y Señores.

En primer lugar, quisiera transmitirles el agradecimiento sincero, de los que formamos parte de la organización del Homenaje, por su presencia en este Acto.

Permítanme que exprese la gratitud personal y en nombre de la Asociación SORUM para la promoción de la Villa de Muros, al Presidente del Comité Organizador: D. Manuel Martínez, por haber confiado en nuestra Entidad, para ayudarle en la realización de este homenaje.

No sería justo finalizar el apartado de agradecimientos, sin reconocer el trabajo efectuado por los componentes de la Junta Directiva de SORUM. Gracias, además, porque han decidido que sea yo, quien les hable, y no precisamente sobre nuestra organización, ya que, obviamente, este acto no constituye el marco más apropiado, para explicar la finalidad o los objetivos que persigue nuestra Entidad, que, por cierto, se concretan en su denominación: SORUM (que es Muros leído al revés), para la promoción de nuestra querida Villa.

Pero insisto, estoy especialmente agradecido a mis compañeros, porque me han autorizado para que este breve discurso no contenga elementos propios de una declaración institucional, y pueda, por consiguiente, compartir con ustedes algunos recuerdos en los que están presentes Muros, sus gentes, y su mar.

Porque me lo pide la memoria de mi madre: Tomasa de La Florera, que trabajó prácticamente toda su vida vendiendo pescado y que, hoy, aquí, quiero expresamente recordar.

Y porque no volveré a recibir ese saludo tímido y cariñoso de Jano, y porque no volveré a escuchar a Naso decirme ese: ¡hola Domin, que tal!

Y porque la vida es así de injusta. Qué les voy a contar. Y porque, como sucede con la mayoría de los presentes, por desgracia, tengo familiares y amigos que reposan para siempre en las aguas de nuestro litoral.

Los que me conocen, saben que tengo dificultades para distinguir entre babor y estribor; y que cuando se comenta que hay vendaval, dudo si se están refiriendo al viento del suroeste o al que sopla del norte. Y, sin embargo, a pesar de todo, he querido compartir con ustedes algunos recuerdos de mi infancia y adolescencia relacionados con el mundo del mar.

Recuerdos, que permitirán, a los que no conozcan nuestro pueblo, acercarse, un poco, a nuestra más íntima realidad.

Se trata de recuerdos infantiles que me reconfortan en días especiales como el de hoy. Se trata de una mezcla de imágenes y sonidos, imposibles de reproducir, de forma ordenada, sin la ayuda de estos papeles.

Como la emoción de subir a bordo de un bote por primera vez. Como el nerviosismo al sentir la trabada de un pez. Como ese olor a brea, a bote recién pintado, y como ese inolvidable e indescriptible olor a mar.

Recuerdos, como aquellos partidos de fútbol, en la playa, con el equipo de Pitís. El exquisito sabor de los berberechos, que acostumbraba a coger mientras no llegaba el balón a mi portería. La satisfacción de atravesar la dársena a nado. O el recuerdo de jugar encima de los carros repletos de redes.

Sonidos. Como el de la sirena de la lonja vieja, anunciando la subasta diaria de pescado. Su ruido atronador cuando, de madrugada, nos despertaba anunciando la llegada de jareta.

Sonidos. Como la voz cálida del mar en verano, y ruda en los duros días de temporal. O como las palabras sabias de los viejos marineros, que escuchábamos en silencio, con respeto y admiración, y que tanto nos ayudaron a madurar.

Pero recuerdo otro sonido más: el lamento amargo de la campana de la Iglesia Parroquial tocando a muerto, por culpa del mar.

Dolor que, seguro, no tendría consuelo sin el excepcional comportamiento y sensibilidad de las mujeres del Mar. Porque, las hijas y mujeres de marineros poseen una ternura especial. Son capaces de crear ilusiones, como la del arao, que creíamos se sumergía en el fondo del mar, obedeciendo nuestras órdenes, al grito de achúsate.

Inocente ingenuidad infantil, que nos hacía creer que esas viudas y huérfanas del mar eran capaces de emerger a la superficie, para después remontar el vuelo, superando todas las adversidades, porque nunca mostraban su profundo dolor y nos transmitían infinita serenidad.

Mujeres a las que, como saben, este año se dedica Muros mira ao mar.

La Memoria me premia con el último recuerdo: la imagen de nuestra Virgen del Carmen.

Porque, si bien es cierto que estos días, Muros mira ao mar, no es menos cierto, también, que Muros miró siempre a su Virgen del Mar.

Recuerdo, como la miraban mis mayores, con ojos enrojecidos por heridas imposibles de cicatrizar. El comentario, del marinero viejo, de haberla visto pasar en la procesión más triste que otros años.

Las plegarias de agradecimiento de todo un pueblo, por la protección que dispensa a sus marineros, y por el amparo que proporciona a los que descansan con ella, en el mar.

O la sensación de verla llorar, al recogerse en su capilla, tras oír cantar la Salve Marinera, como solo los muradanos sois capaces de interpretar.

Recuerdos, experiencias, sonidos, sensaciones de un privilegiado por haber nacido en Muros, cerca del mar.

En fin, amigas y amigos, he pretendido, sencillamente, mostrarles, a quienes lo desconozcan, la fuerte vinculación de las gentes de Muros con todo lo que tiene que ver con su mar. Y que mejor ejemplo que acudir a los recuerdos de niño, para explicarlo.

Para despedirme, tan sólo me queda decirles, a los que nos visitan, con la convicción absoluta de que mis palabras serán suscritas por las muradanas y muradanos aquí presentes, tres últimas cuestiones, de manera muy breve:

1) La primera, que este homenaje se realiza con la Nobleza que distingue a todo gran pueblo.

2) La segunda, que el homenaje está concebido con la máxima Lealtad posible.

3) Y, la tercera, que todos los actos previstos se caracterizan por la Humanidad propia de nuestras gentes.

Y todo esto por una sencilla razón: porque Nobleza, Lealtad y Humanidad, son los atributos que distinguen a la Muy Noble, Muy leal y Muy Humanitaria Villa de Muros. Títulos, que figuran en nuestro emblema municipal.

NADA MÁIS E MOITAS GRAZAS.