
Hoxe non son eu o que escribo , hoxe e Chus a que o fai.
Chus García Santalla perdeu o seu pai no naufraxio do Castillo de Monjuich , acontecido no mes de decembro do ano 1963.
Escribe Chus dende a súa bitácora, “Mi Rubiña” , con valentía (nunca e doado lembrar estas cousas) o día que de despideu o seu pai que embarcaba outra vez, sen saber que aquela despedida era un ultimo adeus, pois meses despois cando o Castillo de Monjuich tiña que chegar de volta de viaxe , nun Nadal que ía ser de reencontros a Coruña , o que chegou foi a nova da súa desaparición.
Lede a Chus e animádevos a deixarlle unas verbas de animo e de agarimo na súa paxina , para que nos siga a regalar textos tan sentidos e fermosos como o que podedes ver a continuación .
Navidad del 63
Tenía 11 años cuando desapareció el Castillo Montjuich. Ahora 44 años después, me vienen a la memoria, los momentos tan angustiosos, que mi familia y yo hemos vivido. Recuerdo la última vez que vi a mi padre; estábamos en la estación; como todavía faltaba tiempo para que saliera el tren, subimos con él, se puso a jugar conmigo y yo empecé a llorar diciendo que me había hecho daño, lo cual no era cierto; lloraba de pena porque se iba; tenía entonces 10 años y era la primera vez que sentía esa sensación de pérdida.
A los pocos meses, mi madre decidió llevarnos a mi hermano y a mi con ella, para visitarlo en Cartagena, cosa que ella, ya había hecho en alguna ocasión, para que el año que él estaba fuera, no se hiciera tan largo. Llegó el tan ansíado día, ya teníamos los billetes, la maleta hecha y unas horas antes de la partida, recibimos un telegrama que nos decía que venía él, cosa que no ocurrió, porque unos días después el capitán de su barco,( el petrolero Compostilla, siempre había navegado en petroleros) le propuso hacer el viaje a Boston en el C.M., puesto, que uno de los tripulantes tenía que desembarcar, para asistir a un juicio en Oviedo.
Mi padre había nacido en Nueva York, pero después de morirle su madre, cuando apenas tenía 5 años, su padre los trajo para España a él y a sus 2 hermanas, para dejarlos a cargo de unos parientes. El hecho de volver a ver la tierra donde había nacido le hizo mucha ilusión, así, como el desembarcar más tarde en La Coruña, para pasar con nosotros la Navidad. Desgraciadamente no fue así porque el destino le jugó una mala pasada. Pasamos la nochebuena y Navidad, esperando la llegada de mi padre, sin sospechar lo que ocurría.
La llegada a La Coruña estaba prevista para el día 21, pero como estábamos en invierno, unos días de retraso lo consideramos normal. Supongo que mi madre tendría alguna inquietud, pero yo no recuerdo que esta nos la transmitiera a nosotros. El 26 por la mañana llegó mi tio con la noticia: "había desaparecido el Castillo Montjuich." Fueron momentos terribles, que todavía hoy, recuerdo con lágrimas en los ojos. Los días siguientes, fue un ir y venir de vecinos, amigos, todo el mundo quería darnos alguna esperanza, pero las pocas noticias que recibíamos, a través de la radio, no hacían presagiar nada bueno. Pasados unos días, ya desalentados, le hicimos el funeral. Mi casa se llenó de gente para darnos el pésame y aprovechaban para visitar a mi abuela que llevaba 20 años en cama. Era madre de mi madre, pero adoraba a mi padre y lo consideraba como a un hijo más. Mi padre por su lado, era muy detallista y cariñoso con ella, una, porque era muy buena mujer y otra, porque en ella encontró el verdadero cariño de una madre. Mi abuela, había tenido varios ataques al corazón, entonces se decía así, me imagino que serian infartos. Su salud era muy delicada y sus hijos la mimaban y tenían como una reina. Por consejo del médico de cabecera, Don Valero, se le ocultó la terrible noticia por temor a que esta le produjera la muerte. Si nuestra situación era angustiosa, con esto todavía era más, pues teníamos que estar pendientes de avisar a toda la gente que entraba en casa, que era mucha en aquellos días, para que no metiera la pata.
Recuerdo el día siguiente al funeral que comentó: "muy maliña tiven que estar, que moita xentiña veu a verme". Mi madre para entrar en la habitación de mi abuela, cosa que hacía constantemente, tenía que ponerse un mandilón de color, recuerdo que era de cuadritos blancos y verdes, para que no la viera de luto y no sospechase nada. También tenía que leerle cartas imaginarias de mi padre, pues ella le decía: " desde que Manolo cambió de barco, parece que nos abandonó, porque ya no nos escribe cartas como antes". Admiro la fuerza y la valentía de mi madre, yo en su lugar, no hubiera sido capaz. Al final, mi abuela murió tres mases más tarde, sin saber nada.




1 comentario
sergio edgardo
26 oct 2008 | 03:05 PM
Saludos.
Un ocultamiento tal como el de la madre de Chus, tuve que hacer con mi madre, cuando murió mi hermano, también repentinamente. Para mi fue un engaño torturante. Hubo que decírle de la muerte, pero esperamos a estar toda la familia y amigos juntos. Quizá fue un error no seguírselo ocultando, yo no hubiera podido continuar eso.
Siga Bien.
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