Despois dunha homenaxe onde a emotividade foi a nota dominante e a lembranza dos desaparecidos o eixe central, quedan no recordo aspectos que parecen nimios pero que dan a medida de que ás veces as cousas sinxelas son mais elocuentes que as grandes palabras ou os actos mas formais.
O pasado ano, durante a homenaxe ás vítimas do petroleiro Bonifaz, Milagros contábanos entre bagoas de emoción, como a súa nai antes de partir deixoulle tantos caramelos como días ía a pasar lonxe da casa e dixolle - Cando vexas que xa che quedan poucos, é que eu xa estarei próxima a volver a casa. Nunca regresou!
Fai uns días, durante o funeral polos desaparecidos no mercante Castillo Montjuich, a bisneta do capitán Arriandiaga, unha preciosa nena de catro anos, preguntaba ao seu pai por que achegaban unha vela ao altar. O seu pai explicoulle que levaban esa vela ao seu avó, e os dous collidos da man achegaron a chama ao altar onde se atopaba o cura, meu irmán.
Na imaxinación da nena forxouse a crenza de que o seu avó era el, pois hasta a sua veira levaran a vela. O resto do día pasouno ao seu lado na súa crenza de que atopara na figura do meu irmán, ao seu avó.
Moncho, ao día seguinte, comentoume que tan só aínda que fose por esa pequena e tenra anécdota, xa merecera a pena a súa asistencia.
É que ás veces nos pequenos detalles da vida, encérranse os mas grandes sentimentos.
Después de un homenaje donde la emotividad ha sido la nota dominante y el recuerdo de los desaparecidos el eje central, quedan en la memoria aspectos que parecen nimios pero que dan la medida de que a veces las cosas pequeñas y sencillas son mas elocuentes que las grandes palabras o los actos mas formales.
El pasado año, durante el homenaje a las victimas del petrolero Bonifaz, Milagros nos contaba entre lagrimas de emoción, como su madre antes de partir le dejó tantos caramelos como días iba a pasar lejos de casa y le dijo - Cuando veas que ya te quedan pocos, es que yo ya estaré cercana a volver a casa. ¡Nunca regresó!
Hace unos días, durante el funeral por los desaparecidos en el mercante Castillo Montjuich, la biznieta del capitán Arriandiaga, una preciosa niña de cuatro años, preguntaba a su padre por que acercaban una vela al altar. Su padre le explicó que llevaban esa vela a su abuelo y los dos cogidos de la mano acercaron la llama al altar donde se encontraba el cura, mi hermano.
En la imaginación de la niña se forjó la creencia de que su abuelo era el, pues hasta su vera habían llevado la vela. El resto del día lo pasó a su lado en su creencia de haber encontrado en la figura de mi hermano a su abuelo.
Moncho, al día siguiente, me comentó que tan solo aunque fuese por esa pequeña y tierna anécdota, ya habría merecido la pena su asistencia.
Es que a veces en los pequeños detalles de la vida, se encierran los mas grandes sentimientos.
Amigo Manuel, ya que no pude acompañaros como hubiese sido mi deseo, quiero al menos agradecerte todo el empeño que has puesto para llevar a cabo este hermoso acto, que nos engrandece a todos como marinos, como familiares de marinos y en definitiva como personas sensibles.
Vaya tambien mi reconocimiento a ti y a cuantos te prestaron su ayuda para este homenaje y por los que en su dia se hicieron por las victimas del Bonifaz y otros.
Un fuerte abrazo.