O meu amigo Domingos foi o encargado de representar a asociación SORUM no Acto Civil da Homenaxe os desaparecidos do buque mercante "Castillo Montjuich" . A súa intervención (creo a todos os asistentes o acto nolo pareceu), sóubonos a pouco, quedamos todos con gañas de oír mais. Porque Domin ten un don, posúe a virtude da espontaneidade, que mesturada coa súa verba fácil consegue chegar a onde se propón.

Neste caso trabábase de lembrar a memoria dos desaparecidos no naufraxio, e a través de pequenas anécdotas, das pequenas vivencias, esencias de tristes lembranzas que recolleu no seu maxín do que lle contaron e do que escoitou falar os familiares das vítimas, fai un percorrido sinxelo, pero o mesmo tempo moi emotivo.

Pero lédeo e opinade vos mesmos.


Excelentísimas e ilustrísimas autoridades. Familiares de los homenajeados. Amigos de la Asociación Náufragos de la mar. Queridos vecinos. Señoras y señores.

Como podrán fácilmente comprender, asumo con enorme satisfacción la responsabilidad de dirigirme a todos ustedes en nombre de la Asociación SORUM para a promoción da Vila de Muros. Porque, además de una obligación estatutaria, ha sido el explícito deseo de mis compañeros, a quienes debo no sólo su confianza sino el constante e incondicional apoyo y, lo que es más importante, su sincera amistad.

En representación de ellos, precisamente, quisiera expresar el agradecimiento a todos y a cada uno de ustedes por honrarnos con su presencia en este primer acto, con el que se inauguran los diferentes eventos en memoria de los desaparecidos en el Castillo Montjuich. Gracias, insisto, por su inestimable y generosa participación.

Me gustaría que las primeras palabras de esta breve intervención sirvieran, asimismo, para significar, públicamente, la gratitud personal y, por supuesto, en representación de los demás miembros de la Junta Directiva de SORUM, a D. Manuel Martínez, Presidente del comité organizador del homenaje, por haber contado con nosotros, otra vez, en el diseño y ejecución de este encomiable proyecto: -Manolo, gracias, además, por obsequiarnos con tus múltiples virtudes, pero, especialmente, por entregarnos tu afecto-.

Amigos, el año pasado, aquí, en este mismo auditorio, el día 12 de julio de 2008, en el homenaje a las víctimas del petrolero BONIFAZ, con la lógica y contenida emoción propia de ese acto, acentuada por la inesperada muerte de mi madre, un mes y medio antes; y por el fatídico accidente de tráfico del día anterior en el que perdimos a Jano y a Naso, intenté mostrar, a través de algunos recuerdos de la infancia y adolescencia, la fuerte vinculación de Muros con todo lo que tiene que ver con su mar.

Y decidí hacerlo así, de esa manera, porque, estarán de acuerdo conmigo, en la memoria infantil guardamos vivencias entrañables, genuinas, auténticas, que permiten explicar perfectamente lo que representa, para cada uno de nosotros, el lugar que amamos. Pero también, porque los muradanos sentimos de manera especial las tragedias del mar. Porque se trata de agresiones a gentes, que son nuestras gentes. Ya que, conviene recordarlo: ¡somos hijos de la mar!

Pero no tengo la menor duda de que este sentir no es patrimonio exclusivo de las villas marineras. Porque, quien no se identifica con el sufrimiento de esa niña, que esperaba impaciente el regreso de sus padres, al terminar todos los caramelos... O quien no participa del desconsuelo, extremo, de sus cuatro hermanas, al conocer la cruel noticia de la desaparición de sus padres.

O quien de nosotros no entiende a esa otra niña, que fantaseaba con el secuestro de su padre, desaparecido, para ahuyentar la pesadilla que, cada noche, quebraba en mil pedazos sus sueños...

O quien no se enorgullece del esfuerzo de esa viuda, que ha sido capaz de sacar adelante a nueve hijos, sola, sin otra ayuda que su coraje y amor.

Todos nosotros comprendemos, también, lo que supone escuchar la bocina de los barcos, en el Abra de Bilbao, celebrando la entrada del Año Nuevo, ante el desconsuelo, sempiterno, de la abuela.

Y entendemos la tristeza que produce la cuna de madera, hecha por las manos artesanas de aquel tío, que no podrá ser padrino jamás...

Porque, conocemos el silencio infinito, de respuestas mudas, ante preguntas dolorosas sobre los que ya no están.

Y porque, de sucesos como los que acabo de narrar, surge la enorme generosidad, que permite, por ejemplo, ser padres de acogida, por octava vez.

En fin, amigos, debo concluir ya. Mis compañeros de SORUM me han pedido que fuese breve y me han advertido que no agotara su paciencia. Por tanto, intentaré cumplir, al menos, con la primera de sus peticiones.

Para finalizar, pues, voy a compartir con ustedes una experiencia personal -por tanto subjetiva-, que ha sido, además de gratificante, similar, por no decir idéntica, a la del año pasado. Se trata del primer encuentro con los familiares de los homenajeados que residen en las diferentes parroquias de Muros.

Porque siempre era, como hoy, un sábado por la mañana. Un sábado cualquiera de cualquier mes previo a este Acto. Nos reunimos, como de costumbre, en el Bar el Muelle. Decidimos por qué familia comenzar la visita, y nos dirigimos a su domicilio. Estacionamos el coche. Llamamos a la puerta. Nos identificamos. Y, tras la lógica reacción inicial, de sorpresa, por la inesperada propuesta de realizar un homenaje, el desconcierto inicial se transforma en cálida y honesta acogida. Siempre ocurrió así.

Como también sucedió, -en las cuatro familias de este año y en las cuatro familias del año pasado-, que la conversación amable, fraternal, no es capaz de sosegar, a pesar de los años transcurridos, la angustia que todavía comprime el alma, y que desencadena lógicos sollozos, que se disimulan y enmascaran gracias a nuestra complicidad.

Solamente, por haber compartido momentos tan íntimos como esos, les aseguro que todo el esfuerzo realizado ha valido la pena. Mis compañeros, Ángeles y Andrés, Manola y Tono, Pedro, Sol y Marita, a quienes me unen vínculos que van más allá de la amistad, han trabajado con el único deseo de que todos los familiares de los homenajeados se sientan, hoy, en Muros, un poco más reconfortados. Porque, estamos absolutamente convencidos que sus seres queridos descansan gozando de una inmejorable compañía: la de nuestra Virgen del Carmen, la de nuestra Estrella del Mar.

NADA MÁIS E MOITAS GRAZAS.